Con solo 90 minutos en Quilmes, el equipo dejó al desnudo groserías cometidas por el exentrenador Pablo De Muner.

 

La salida de Pablo De Muner generaba una montaña de incertidumbres. Ese poco más de 30% de efectividad era suficiente motivo para su exclusión sin embargo los ocho encuentros que restaban para el final de la B Nacional potenciaban la angustia. ¿Y ahora quién podrá defendernos?
Gómez, con el sí a cuestas, se subía el jueves a su auto particular, viajaba más de mil kilómetros para ponerse el viernes al frente del plantel y debutar este domingo ante Quilmes. Claramente, entonces, lo que se observó en el estadio Centenario de Quilmes fue más producto de la salida de De Muner que del ingreso de Gómez.
Teniendo en claro esto, el funcionamiento del equipo mandó mensajes evidentes al exentrenador.


Primero: Sergio Rodríguez es el segundo marcador central. El uruguayo protagonizó vaya a saber uno qué extraña discusción con De Muner que le costó estar marginado. Dicen que el central se sacó solo del equipo; algo que le pedía el DT no le gustaba. No importa mucho lo que suecedió, De Muner debía tener el suficiente tacto para sentarse con el uruguayo y charlar las diferencias. Su regreso a la zaga es un suspiro de tranquilidad, un esbozo de confianza. Con Rébola se entienden casi a la pefección y no evidenciaron fisuras ante el Cervecero. Sólo para recriminarle falta de timing a Rodríguez, aunque esto es algo propio de su largo tiempo fuera del once titular.


Segundo: ¡Santiago Úbeda no es un pibe! Sin Guerra por lesión, la titularidad es de Úbeda. El volante central tiene que, esencial y fundamentalmente, recuperar pelotas. Luego, si la juega bien a la pelota o si tiene un claro primer pase será su segunda virtud. Primero lo primero. Esto no lo terminó de entender nunca De Muner, quien decía que Úbeda tenía condiciones pero que era un pibe (¿?). Santi tiene 21 años y ya no es un juvenil. Es más, hace un par de años ya debería estar sumado al plantel de la B Nacional. Ayer, el juvenil debutó nada menos que ante Quilmes, en un partido clave, y lo hizo como si tuviese veinte partidos en Primera. Le devolvió el equilibrio al mediocampo, algo que el Azul había perdido con la salida de Guerra. La emoción de Úbeda finalizado el partido conmovió hasta el propio Gómez y mucho más a sus compañeros. Cobo no puede ser el volante central de Independiente Rivadavia. Era una afirmación a la que sólo se oponía Pablo De Muner.


Tercero: González no puede faltar en este equipo ni con 40 grados de fiebre. El platinado volante arrancó desde atrás en su búsqueda de la titularidad con De Muner en el banco. González es claro, tiene una entrega admirable y una pegada exquisita. Lo demostró ante Boca Unidos, con el gol de tiro libre y con zapatazo que estrelló en el palo. Y en Quilmes metió una asistencia de crack para el gol de Irañeta.
La salida de De Muner era justa y necesaria por los resultados. Y se justificó ampliamente con lo que mostró el equipo en Quilmes. Ahora, está todo en sus manos, Gómez. ¡Que sea lo que Dios quiera!

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